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Plata y joyería: Ideas de los místico y de la belleza

Plata y joyería: Ideas de los místico y de la belleza

La plata, a lo largo de la historia antigua, ha sido sinónimo de pureza y perfección. De brillo, riqueza, abundancia, blancura y maleabilidad. Por mucho tiempo, se creyó que los dioses le habían dotado de estas cualidades, a semejanza de ellos mismos. Entonces, no es de extrañar que en su momento la plata se haya buscado con locura; se le arrebataba a los pueblos que la poseían y se intercambiaba por otras mercancías. 

Intercambio que, destaquemos, no siempre se dio de manera pacífica. Esto no fue como lo pintan en las obras escolares sobre la Conquista en México o la llegada de los ingleses a América. No necesariamente hubieron risas. Tampoco cuando el conflicto se daba entre comunidades nativas. Los metales siempre fueron motivo de malos entendidos. Muy malos. 

Esto, debido a que los objetos de plata fueron imprescindibles en los ritos, los cultos y la vida de las autoridades con mayor rango: reyes, aristócratas y sacerdotes. 

La plata siempre ha sido depósito de misticismo y belleza. De recipiente para la sangre de sacrificios humanos o animales a material insustituible para templos, arte, monedas y adorno corporal. 

Para hablar de la plata existen muchas obras e investigaciones que abordan la función de este metal en una región y tiempo específicos, o que se concentran en el estudio exclusivo de alguno de sus aspectos: como propiedad química, su uso tecnológico, en la metalurgia, el trabajo, su uso artístico, como función religiosa y objeto de moda u ornamento. 

Sin embargo, la mayoría de los estudios narran estas historias y presentan sus conclusiones como si el desarrollo de platería hubiera ocurrido estrictamente en Europa, dejando de lado las tradiciones en el Medio Oriente, India, Asia y América. Invisibilizando la riqueza de estas regiones y sus grandes aportes. 

Si brincamos por la historia, podemos subrayar los siguientes episodios: 

 

· En el 3000 a.C., los egipcios usaron las primeras joyas de la humanidad. Oro, plata y cobre. La joyería sólo era usada por las clases ricas y formaban parte de su vestimenta en vida y en la muerte.

· En el 1500 a.C., en Roma las joyas se usaban para apariciones públicas y festejos; las mujeres las lucían para mostrar estatus y riqueza.

· Hacia el 27 a.C., los romanos impusieron diseños ostentosos y complicados para sujetar ropa y cabello. 

· Durante la Edad Media, con la plata se hicieron fíbulas, prendedores, collares, pendientes, horquillas y brazaletes. Pero también, muy importante, las armas fueron adornadas como joyas. La unión entre lujo, riqueza y guerra se vinculó con las propiedades místicas del metal. 

· Del Renacimiento al Romanticismo, la plata tuvo un camino hacia la popularización y el uso por clases populares. Sin embargo, esto no significó un rango menor en su belleza, su calidad variaba y el oro se posicionaba cada vez más como un material de mayor exclusividad. 

· Durante los 1800 se fundaron Cartier, Bvlgari y Tiffany & Co., lo cual significó una revolución en lo que se entendía como joyería. 

· Para el siglo XX, la variedad fue en aumento y aparecieron distintos movimientos artísticos como el Art Nouveau, las piezas de autor y de diseño, que promovieron la experimentación y un reencuentro con las cualidades esotéricas del material. 

· Mientras todo esto ocurría, en América el camino fue un tanto distinto. Los yacimientos de plata eran explotados para uso ritual y no fueron vistos de otra manera hasta la llegada de los conquistadores. 

· Esto no quiere decir que su mirada al metal no tuviera interés, sino que sus intenciones estaban enfocadas hacia placeres contemplativos y religiosos. 

· Incluso, podríamos decir que en América, la extracción de la plata funcionó tras la colonización para la paradójica manufactura de armas que sirvieron para mantener la condición de conquistadores y conquistados o esclavos. Lo cual nos da mucho qué pensar sobre el viaje simbólico que tuvo el mineral en su propio suelo. 

    Hoy, la plata se encuentra en un camino de reevaluación. Se redescubre en distintas latitudes del mundo como un producto natural capaz de transformarse en piezas de lujo. Después de años pensando que otros metales o piedras pueden ser los únicos portadores de sofisticación, la plata sale a flote en un momento de valoración a lo diverso y a las bellezas inusuales. 

    La plata, que durante los últimos años puede ser pensada como un metal propio de las comunidades originarias en América o de subculturas emancipadoras –como los cholos–, explora actualmente sus posibilidades como baluarte de un refinamiento más abierto. Más complejo. 

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